La lucha libre en México no es solo un espectáculo de llaves y máscaras en un ring; es un fenómeno cultural y social que ayuda a entender la identidad del país. Académicos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM explican que este deporte impulsa una industria creativa que va mucho más allá de las arenas y proyecta la cultura mexicana hacia el resto del mundo.
Patricia Celis Vanegas, investigadora de la FCPyS, señala que la lucha libre es un espacio donde se crean personajes, rituales y comunidades que generan un sentido de pertenencia. Tras su investigación doctoral, Celis destaca que esta actividad dejó de ser algo extranjero para convertirse en una expresión local con símbolos propios como el vestuario y la relación directa con la gente.
El significado detrás de la máscara y el personaje
Para los expertos, la lucha libre funciona como un escenario donde se representan valores y conflictos de la vida diaria a través de la división entre rudos y técnicos. Según Celis, el éxito de un luchador no depende solo de su físico, sino de su capacidad para conectar con la gente.
“El luchador no se construye sólo con fuerza o habilidad deportiva. Necesita crear un personaje, sostenerlo y conectar con quienes lo miran y, si éste no se encuentra con dicho personaje, si no logra transmitir y vincularse, ni comunicarse e interactuar con el público, entonces no se dará esa ficción tan necesaria en esta actividad”
La máscara juega un papel fundamental en este proceso, pues permite que el deportista adopte una nueva forma de existir. La antropóloga explica que:
“La persona y el personaje del luchador tienen dos corporalidades distintas, dos formas distintas de estar en el mundo”
Un motor económico y social
La lucha libre también es un ecosistema que sostiene a muchísimas familias mexicanas. No se trata solo de lo que pasa en el cuadrilátero, sino de toda una red que incluye gimnasios, la fabricación de máscaras y trajes, medios de comunicación y hasta el turismo. Celis define este fenómeno por su enorme diversidad, mencionando que incluye desde niños hasta abuelitas, formando un sistema productivo nacional.
“La lucha libre es una industria que fomenta a otras instituciones dentro de México y vale la pena tenerle el respeto que se merece”
Por su parte, José Ángel Garfias Frías, otro académico de la FCPyS, recalca que este deporte es parte del patrimonio cultural de México. Menciona que, a diferencia del wrestling de Estados Unidos, la lucha mexicana nació en las arenas y tiene un estilo más ágil y cercano al público, lo que la hace única para exportar.
Patrimonio y estudio académico
Desde 2018, la lucha libre es reconocida como Patrimonio Cultural Intangible de la Ciudad de México. Garfias Frías señala que, aunque antes la academia no le daba importancia, hoy se entiende que analizar este fenómeno permite comprender la historia, la economía y los símbolos de nuestra sociedad.
Al final, las arenas funcionan como lugares de reunión donde las diferencias sociales pasan a segundo plano, permitiendo que la gente comparta emociones y se sienta parte de una misma comunidad.
