Con el inicio de la Copa Mundial de la FIFA 2026 cada vez más cerca, hay una diferencia abismal en la expectativa entre los tres países que serán sede. En México la emoción está por los cielos, pero en Estados Unidos y Canadá el torneo aún no logra calar en la población general.
El ambiente en México es de fiesta
En las ciudades mexicanas que albergarán partidos, como la capital, Guadalajara y Monterrey, ya se nota la actividad. Museos han montado exposiciones y se han organizado campañas y eventos para crear un ambiente de celebración desde ahora.
Los números lo confirman: la gran mayoría de los mexicanos está al tanto de que el Mundial está por comenzar, algo que no sucede al mismo nivel en Estados Unidos, donde el desconocimiento es mucho mayor.
La cultura deportiva lo explica todo
La razón principal de este contraste está en los hábitos de cada país. El futbol es parte fundamental de la identidad social en México, mientras que en Estados Unidos deportes como el beisbol acaparan la atención del público y los medios.
Personas que viven en ciudades estadounidenses reportan que el Mundial pasa prácticamente desapercibido en su vida diaria, porque las conversaciones siguen centradas en las ligas locales.
Canadá sigue un patrón similar
En Canadá la situación no es muy diferente, pues el futbol tampoco es el deporte principal y se ve más como una actividad ocasional. Aunque se espera que cuando juegue la selección canadiense el interés pueda subir un poco por el sentimiento nacional.
Pese a todo, las comunidades latinas dentro de Estados Unidos sí están muy pendientes del torneo, lo que ayuda a entender por qué la demanda de boletos es alta en ese país.
La pasión está en Latinoamérica
Estudios en América Latina indican que un gran porcentaje de los aficionados de la región planea seguir el Mundial muy de cerca, lo que reafirma que el amor por el futbol está más enraizado aquí.
Así las cosas, México vive el evento como una gran fiesta desde semanas antes, mientras que sus socios anfitriones del norte lo enfrentan con mucha menos intensidad, mostrando una clara diferencia cultural.
