Una investigación publicada en la revista Current Biology demostró que el microbioma intestinal puede influir directamente en la conducta social y los niveles de agresividad de los ratones a través de una señal química específica. El estudio, dirigido por el neurobiólogo Thomas Bozza de la Universidad Northwestern, identificó que la molécula trimetilamina (TMA), producida por bacterias en el intestino, actúa como una señal olfativa que modifica las jerarquías y comportamientos violentos.
El experimento que lo comprobó
El equipo científico logró comprobar que al bloquear la producción de TMA en el intestino, la agresividad entre ratones adultos disminuía notablemente. Por el contrario, cuando se restablecían los niveles de esta sustancia, la conducta violenta reaparecía de inmediato. Incluso, al tratar a ratones jóvenes —que normalmente no son agresivos— con trimetilamina, los adultos comenzaron a atacarlos como si fueran competidores.
La TMA es una molécula que genera un olor característico a pescado en descomposición y se produce cuando bacterias intestinales descomponen alimentos como huevos y carne. En ratones machos adultos, la testosterona inhibe una enzima hepática que normalmente neutraliza la TMA, permitiendo que se acumule y se elimine por la orina.
El receptor clave: TAAR5
Los investigadores descubrieron que el receptor olfativo TAAR5 es el más sensible para detectar la TMA en el cerebro de los ratones. Este receptor juega un papel fundamental en cómo los animales perciben esta señal química. Bozza explicó que cuando el receptor TAAR5 está desactivado, el comportamiento de los grupos se iguala y se debilita la claridad de la jerarquía social: “los animales no reconocen su lugar dentro de la estructura social”.
Para confirmar que la conducta dependía exclusivamente de esta vía, los científicos manipularon la microbiota intestinal para bloquear y luego restituir la producción de TMA. En todos los casos, la agresividad y la formación de jerarquías respondieron únicamente a la presencia de la molécula y al funcionamiento del receptor TAAR5.
Implicaciones para los humanos
El estudio reveló por primera vez una vía completa que conecta microorganismos intestinales, el sistema olfativo y el comportamiento social mediante una señal química específica. Bozza afirmó: “En esta especie, podemos ver que el microbioma dirige la conducta social a través de un sistema sensorial. Es la primera vez que identificamos la molécula, el receptor y las vías neuronales involucradas”.
En cuanto a los seres humanos, el científico destacó que nuestro sistema olfativo también cuenta con seis receptores TAAR, y el TAAR5 —responsable de detectar la TMA— se expresa de forma constante. Aunque su función no está asociada con la agresividad en humanos, Bozza considera que su persistencia es relevante y subraya que “es un ejemplo de cómo el sistema olfativo se ha ajustado a moléculas producidas por los microbios con los que compartimos el entorno”.
