La célebre reflexión del poeta chileno Pablo Neruda, quien afirmaba que un hombre que deja de jugar pierde para siempre su niño interior, tiene un trasfondo mucho más profundo de lo que parece. Según se explica, esta idea no era solo una frase al aire, sino una filosofía de vida ligada a su pasión por coleccionar objetos y mantener viva la curiosidad.
Neruda, reconocido por haber ganado el Premio Nobel de Literatura en 1971, vinculaba esta visión con su entorno personal. La frase aparece en sus memorias, específicamente en un pasaje donde relata su fascinación por la colección de juguetes y objetos que guardaba en su casa de Isla Negra, en Chile.
La conexión entre el juego y la vitalidad
Para el autor, el juego no era una actividad exclusiva de los niños, sino una forma de mantener la vitalidad y la capacidad de asombro. Su hogar en Isla Negra, que hoy funciona como un museo, fue el escenario donde estas colecciones cobraron sentido. La Fundación Pablo Neruda señala que esta reflexión surge de su relación con los objetos que lo rodeaban.
“En mi casa he reunido juguetes pequeños y grandes, sin los cuales no podría vivir”
Esta frase complementaria refuerza la idea de que el poeta veía en los objetos y en el juego una herramienta para conectar con el mundo de manera extraordinaria, evitando que la madurez se convirtiera en una rigidez que le quitara la capacidad de imaginar.
Un legado de asombro y naturaleza
Además de su faceta como poeta, Neruda tuvo una vida marcada por la política y la diplomacia, desempeñándose como senador y miembro del Partido Comunista en su país. Su obra, que incluye títulos como “Canto general” y “Odas elementales”, siempre estuvo influenciada por la naturaleza y el paisaje costero de su infancia.
Su capacidad para encontrar belleza en lo simple, como el mar o las piedras de su casa, es lo que le permitió sostener esa mirada de niño que tanto defendía en sus escritos.
