El poeta, novelista, ensayista y traductor mexicano Daniel Saldaña París (México, 1984) presentó su más reciente obra, ‘Los nombres de mi padre’, una novela que combina la búsqueda personal de un padre biológico con un profundo recorrido por la historia urbana de la Ciudad de México y Nueva York.
La trama sigue a Camilo, un personaje que duda sobre quién es su verdadero progenitor: ¿Víctor, el padre que lo crió, o Miguel Carnero, un amigo íntimo de la familia? Esta incertidumbre, alimentada por la ambigüedad de su madre, lo lleva a sumergirse en la reconstrucción de la vida de Carnero y en las utopías políticas de los años setenta.
De México a Manhattan
La búsqueda de Camilo lo lleva desde la capital mexicana hasta los barrios de Queens y Manhattan en Nueva York. Saldaña París, quien también es un viajero empedernido, explicó que la novela se construye como una serie de caminatas en torno a la figura enigmática de Carnero. El autor destacó su fascinación por Manhattan, la cual atribuye a una beca que le permitió trabajar en la Biblioteca Pública de Nueva York, un lugar que describe como un sueño para cualquier escritor.
Para el autor, Nueva York es una ciudad profundamente latinoamericana. ‘Todo el mundo nos damos cuenta de que es una ciudad latinoamericana. En cuanto llegas, por ejemplo, vas caminando por lugares de Queens y podrías estar perfectamente en Ecuador’, comentó. Como dato curioso, mencionó que el primer habitante no indígena de Manhattan, en el siglo XVII, fue un negro de lo que hoy es República Dominicana que hablaba español.
Arquitectura, política y fútbol
Saldaña París también habló sobre su pasión por la arquitectura, un tema central en la novela. La ideología de Carnero está relacionada con el desarrollo urbanístico, influenciado por el movimiento situacionista francés. El autor investigó a fondo la historia de la Ciudad de México, descubriendo que el arquitecto Mario Pani diseñó tanto la Plaza de Tlatelolco como Ciudad Universitaria y Ciudad Satélite, el barrio donde creció su padre. En su investigación, encontró que un ingeniero austríaco y criminal de guerra nazi, Karl Fiebinger, participó en el desarrollo de ese suburbio.
En la charla, el escritor también se refirió al Mundial de fútbol y a la polémica entre argentinos y mexicanos. Aunque confesó ser seguidor del equipo mexicano Atlante, ‘un equipo caído en desgracia’, dijo que en la final del Mundial alentó a Argentina. Criticó la campaña que buscaba dividir a los países latinoamericanos, calificándola de ‘mugre’ y señalando que ‘cualquier campaña que tenga como fin la división de los países latinoamericanos no nos beneficia a ninguno’.
