Román Díaz Cantorán, de 83 años, continúa trabajando vendiendo hilos y agujas en el estacionamiento del mercado Baltazar R. Leyva Mancilla, a pesar de haber perdido ambas piernas debido a complicaciones de la diabetes.
Una rutina de perseverancia
Originario de Zicapa, en el municipio de Copalillo, don Román migró en su juventud a Chilpancingo en busca de mejores oportunidades. Tras trabajar en la Ciudad de México y luego regresar a Guerrero, estableció su propio negocio hace tres décadas, especializándose en la venta de estos productos.
“No gano mucho, pero me entretengo y me gano la comida”, expresó el octogenario, quien es una presencia habitual en el centro de abasto.
Adaptación frente a los cambios
Don Román relató que, aunque la demanda ha disminuido considerablemente comparada con sus inicios, él no deja de acudir a su puesto. “Hace 30 años se vendía, la gente venía a buscar el hilo y las agujas, ahora ya se vende muy poquito, pero no dejamos de venir porque es lo que puedo hacer”, señaló.
Actualmente, depende de su nuera y de su hijo para surtirse, ya que ellos son quienes viajan a la Ciudad de México a comprar la mercancía que él luego ofrece.
Un espíritu inquebrantable
La única interrupción en su actividad laboral ocurrió cuando fue sometido a la cirugía para la amputación de sus extremidades inferiores. Sin embargo, una vez recuperado, regresó a su lugar de trabajo. “Cuando sanó la herida regresé al mercado, porque aquí me siento útil, aquí me gano lo que me como”, afirmó con determinación.
