A más de 40 años del terremoto de 1985, la Ciudad de México sigue enfrentando desafíos importantes en materia de seguridad sísmica, principalmente por la variedad de sus suelos y el estado de las construcciones antiguas. Aunque las normas de construcción cambiaron radicalmente tras la tragedia, todavía existe la preocupación por los edificios que se levantaron antes de que se aplicaran las reglas actuales.
La capital tiene un terreno muy complicado que hace que los sismos se sientan de forma distinta según la zona. Carlos Valdés González, investigador del Instituto de Geofísica de la UNAM, señaló que la composición del subsuelo provoca lo que la gente conoce como el “efecto gelatina”.
“En el terreno central o blando, el movimiento va a ser amplificado por estas arcillas suaves que se comportan como una gelatina; mientras que en el terreno duro, un sismo se siente literalmente como un solo golpe seco de muy corta duración”
Para entender esto, la ciudad se divide en tres áreas: terreno firme, zona de transición y suelo lacustre blando. Este último, lleno de arcilla, es el que hace que las ondas sísmicas golpeen con más fuerza a las casas y edificios.
El cambio en las reglas tras la tragedia
El sismo de 1985, con una magnitud de 8.1, fue el evento que obligó a cambiarlo todo. Después de que cientos de edificios se cayeran y miles de personas perdieran la vida, se tuvieron que crear nuevas reglas de emergencia. Para 1987, ya estaba funcionando un nuevo Reglamento de Construcciones para el Distrito Federal que tomaba en cuenta lo aprendido con los daños de aquel entonces.
Estas nuevas normas hicieron que los cálculos para diseñar estructuras fueran mucho más estrictos y que se considerara de forma más seria cómo afecta cada tipo de suelo a las construcciones. Sin embargo, Valdés advirtió que hay un problema con las casas y edificios que son más viejos que esas leyes.
“La regulación actual no es retroactiva, por lo que es responsabilidad directa de la ciudadanía verificar el estado de salud de sus viviendas”
El investigador sugirió que la gente esté muy pendiente de cualquier grieta o fisura en sus hogares y que busquen a expertos si ven algo raro.
Preparación más allá de las obras
No todo es cuestión de ingeniería; también cuenta qué tan listos estamos como sociedad. El experto mencionó que, aunque los simulacros han ayudado, todavía falta mucho para saber qué hacer si se cortan la luz o si se caen las comunicaciones durante un temblor.
Cada 19 de septiembre, México recuerda los sismos de 1985 y 2017 mediante simulacros nacionales, tratando de aplicar las lecciones aprendidas para estar mejor preparados ante futuros movimientos.
