Tomar suplementos de proteína no causa daño renal de forma automática en personas sanas, pero el exceso o la falta de supervisión médica puede ser peligroso para quienes ya tienen problemas de salud. El riesgo real aparece cuando se consumen cantidades desmedidas o cuando el usuario padece condiciones como diabetes, hipertensión o enfermedades renales no diagnosticadas.
Aunque estos productos son muy comunes entre deportistas y gente que quiere ganar músculo, su uso debe ser cuidadoso. Los riñones se encargan de filtrar los desechos que deja el cuerpo al procesar las proteínas, por lo que si se ingiere demasiada, el trabajo de filtración aumenta considerablemente.
Riesgos según la condición de salud
No es lo mismo ser una persona sana que alguien con un historial médico delicado. Según información del Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos, las personas con enfermedad renal crónica deben controlar cuánto consumen para que los desechos no se acumulen en la sangre. Sin embargo, no se trata de dejar de comer proteína por completo, ya que eso podría causar desnutrición; lo ideal es que un médico o nutriólogo renal marque la pauta.
Hay grupos que deben tener mucho más cuidado antes de comprar un bote de proteína en polvo, como:
- Personas con diabetes o hipertensión.
- Quienes tienen antecedentes de cálculos renales o solo un riñón.
- Pacientes con alteraciones en sus estudios de función renal.
- Usuarios que mezclan varios suplementos deportivos al mismo tiempo.
Incluso dentro de los pacientes renales las reglas cambian: quienes no están en diálisis suelen necesitar menos proteína, mientras que los que ya reciben este tratamiento suelen requerir más para compensar lo que pierden durante el proceso.
Desmintiendo mitos sobre el ácido úrico y las proteínas
Existe la idea de que toda la proteína de origen animal genera ácido úrico y destruye los riñones, pero esto es un error. El ácido úrico surge de la descomposición de las purinas, que están en ciertos alimentos pero también las produce el cuerpo de forma natural. No todas las carnes tienen la misma cantidad de purinas ni todas causan gota o enfermedad renal.
De igual forma, no es cierto que las proteínas vegetales sean totalmente libres de residuos. Cualquier proteína, sea de planta o animal, genera compuestos nitrogenados que el cuerpo debe eliminar. La diferencia es que las opciones vegetales, como la soya, suelen aportar fibra y no generan tanta carga ácida como las animales.
¿Cómo saber cuánto consumir y qué comprar?
La cantidad de proteína que necesitas depende de tu edad, peso, qué tanto te muevas y tus metas personales. La Organización Mundial de la Salud sugiere que, para un adulto, entre el 10% y el 15% de la energía diaria debe venir de las proteínas (lo que serían unos 50 a 75 gramos en una dieta de 2 mil calorías).
Antes de echarte un batido, checa cuánta proteína ya comes en tus comidas normales, como carne, huevo, frijoles o lentejas. El suplemento es para completar, no para sustituir la comida ni para tomar sin control.
Al elegir un producto, no te fijes solo en la proteína. Revisa que no traiga demasiado azúcar, sodio, fósforo o estimulantes como la cafeína. Además, ten en cuenta que la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos advierte que los suplementos no se analizan uno por uno antes de venderse, así que la pureza de lo que compras puede variar mucho.
