La próxima Copa Mundial de fútbol, que se realizará en México, Estados Unidos y Canadá, se perfila como el escenario ideal para un aumento significativo de ataques cibernéticos a gran escala.
Un blanco gigante para los hackers
El tamaño del evento, con 48 selecciones y 104 encuentros, junto con la enorme cantidad de aficionados viajando, transacciones digitales y sistemas de infraestructura esenciales operando al máximo, crea una superficie de ataque sin precedentes para el crimen digital.
Eventos deportivos masivos anteriores, como los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y París 2024, ya demostraron ser imanes para este tipo de amenazas, registrando cientos de millones de intentos de intrusión.
El reto para México como sede
Para México, ser país anfitrión conlleva la responsabilidad de garantizar que su infraestructura crítica en telecomunicaciones, transporte y energía pueda operar bajo el escrutinio internacional y resistir las presiones de un evento de esta magnitud.
El experto Ariel Picker señala que esto requiere de centros de operaciones que combinen inteligencia cibernética con respuesta física inmediata, y protocolos de contingencia probados con anticipación.
Un problema estratégico, no técnico
El artículo advierte que en México aún se suele ver la ciberseguridad como un asunto meramente técnico, manejado por equipos de TI, cuando en realidad es una decisión estratégica que debe involucrar a los más altos niveles de dirección de cualquier organización vinculada al Mundial.
Un ataque exitoso, como un ransomware días antes de un partido clave, podría desencadenar una crisis que afectaría la reputación, las operaciones y hasta la seguridad pública.
La preparación es clave
Picker concluye que, al igual que en el fútbol, los triunfos en ciberseguridad no se logran solo el día del partido, sino con una preparación meticulosa previa. México tiene la oportunidad de demostrar al mundo no solo su capacidad para organizar un gran torneo, sino también para protegerlo de manera integral.
